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Os voy a ser sincero: hay bodas que se te quedan dentro, y la de Marta y Eduardo en Viñas de Belén, en Granada, es una de ellas.
No sé si fue la familia, de esas que te acogen como si te conocieran de siempre. O la ceremonia en San Justo y Pastor, que fue preciosa de verdad. O los mil detalles. Pero si me quedo con algo, me quedo con cómo lo disfrutaron ellos dos. Eso no se finge, y por eso acaba saliendo en las fotos.
Yo no fabrico momentos, los espero
Llevo muchos años en esto, y la formación y la experiencia me sirven sobre todo para una cosa: saber cuándo callarme y solo mirar. Encontrar la luz, ordenar lo que veo y dar un paso atrás para no estorbar. Disparo con la cabeza, con el ojo y con el corazón, los tres a la vez, que con uno no me vale. Y luego, en casa, llega la otra mitad del trabajo, la que no se ve: mirarlo todo despacio y entender qué pasó de verdad ese día, para armaros un reportaje que dentro de treinta años siga contándoos quiénes erais. Vuestro legado. Así de en serio me lo tomo.
Viñas de Belén, un cortijo en Ogíjares
A Viñas de Belén se llega en un rato desde Granada, y eso se agradece. Es un cortijo en Ogíjares con sus jardines, una carpa con una luz que da gusto fotografiar y —esto me hizo gracia— hasta cuadros de Donosti, mi tierra. La cocina la firmaba Ruta del Veleta, que no falla, y de que todo encajara se encargó Eli, de Elisea, que estuvo en todo sin que se notara.
Lo que no se olvida
Un regalo para las abuelas que dejó a media boda llorando. Un discurso de los amigos que acabó igual. Y, cuando tocó, perreo hasta abajo, que eso también es boda. Marta y Eduardo no posaron para un álbum: vivieron su día y me dejaron contarlo.
¨Hay micro historias dentro de tu reportaje¨
Si os estáis casando en Granada y queréis a alguien que mire así —de cerca, sin postureo y tomándoselo en serio—, soy Garate, fotógrafo de bodas en Granada. Escribidme y lo hablamos, sin prisa.
Por supuesto gracias a todos estos profesionales:




















































